Tal vez la más conocida de las obras de Bernard-Marie Koltès (1948-1989), impone al lector la experiencia de lo crudo y de lo enigmático. Koltès no construye una intriga compleja. No hay drama en el sentido habitual del término. El lector asiste a un encuentro entre dos personas que cumplen dos funciones distintas pero complementarias: un dealer y un cliente. La complementariedad de ambas funciones, sin embargo, no tiene lugar: mientras el dealer ofrece un producto que no muestra, el cliente niega que busque algo.
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